El Ayuntamiento de Totana dejó en el cajón 6,4 millones de euros el año pasado
El edil de Hacienda justifica el abultado superávit y el uso de partidas genéricas argumentando "agilidad", mientras la oposición denuncia la opacidad de unas cuentas salvadas in extremis gracias a Vox
Un presupuesto sobre el papel que no termina de reflejarse en las calles.
Esa es la principal conclusión que se extrae del balance económico presentado por el concejal de Hacienda de Totana, Francisco José Díaz Espinosa, quien este jueves ha tenido que hacer verdaderos malabarismos para justificar por qué el Ayuntamiento ha cerrado el ejercicio con un superávit de 6,4 millones de euros.
En la administración local, un remanente de esta magnitud no es siempre síntoma de buena salud financiera, sino más bien el reflejo de una incapacidad crónica para ejecutar las inversiones que el municipio demanda.
Lejos de hacer autocrítica por el dinero que se ha quedado sin invertir, el responsable de las arcas municipales ha intentado revestir las cifras de éxito, presumiendo de haber reducido el superávit a la mitad respecto a los 11 millones del año 2024 y de haber alcanzado casi un 90% de ejecución.
Sin embargo, los datos concretos revelan una realidad menos triunfalista: obras vitales siguen sin completarse. A modo de ejemplo, de la partida de 1,2 millones de euros destinada a la red de aguas, cerca de 200.000 euros se han quedado sin ejecutar; lo mismo ha ocurrido con infraestructuras generales, donde se han dejado perder entre 120.000 y 130.000 euros.
La estrategia del "cheque en blanco" y la falta de transparencia
Para esquivar el problema de la inejecución, la concejalía de Hacienda ha consolidado una práctica que ha levantado fuertes suspicacias entre la oposición: el abuso de las partidas genéricas. Díaz Espinosa ha defendido abiertamente este modelo, reconociendo sin tapujos que se trata de partidas en las que "no somos transparentes, que no nos obligamos a nada con nadie".
Bajo el argumento de evitar que los créditos expiren el 31 de diciembre —como ocurrió en 2022 con los 200.000 euros de la pista del Tino Galván—, el equipo de Gobierno ha optado por eliminar las partidas nominativas (aquellas que detallan exactamente en qué calle o proyecto se va a gastar el dinero). El resultado es un presupuesto diseñado a base de cajones de sastre que otorgan al Ejecutivo un cheque en blanco para decidir sobre la marcha, hurtando a los ciudadanos la posibilidad de fiscalizar el destino exacto de sus impuestos y parcheando urgencias, como la reciente rotura en la calle Quevedo, a golpe de improvisación.
El destino de los 6,4 millones bloqueados
Mientras el municipio arrastra evidentes carencias en infraestructuras y servicios, el abultado sobrante de las cuentas tendrá un destino muy alejado de la mejora de las calles de Totana:
• 1,8 millones de euros de liquidez inmediata irán destinados íntegra y obligatoriamente a pagar deuda bancaria del Ayuntamiento, una medida ya aprobada en el pleno ordinario.
• Los 4,2 millones restantes se quedan en el limbo burocrático, completamente bloqueados a la espera de que el Ministerio de Hacienda dicte, previsiblemente en verano, un Real Decreto que autorice a los ayuntamientos a gastar este dinero en "inversiones financieramente sostenibles".
Un giro a la derecha minimizado por Hacienda
En el plano político, las cuentas de 2026 han salido adelante gracias al salvavidas lanzado por el grupo de extrema derecha Vox y un concejal no adscrito. Cuestionado sobre si estas concesiones —que el propio edil ha calificado de modificaciones de índole "ideológica" y "económica mínima"— evidencian una derechización del Partido Popular en Totana, Díaz Espinosa ha echado balones fuera.
El concejal ha apelado al pragmatismo, recordando que en el pasado también llegaron a acuerdos con Izquierda Unida o el PSOE para sacar adelante medidas concretas.
"Miramos el interés general por encima de los colores políticos", ha sentenciado. Un interés general que, a la vista de los millones de euros inmovilizados en las cuentas del banco, parece avanzar a un ritmo mucho más lento que las necesidades reales de los totaneros.






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